jueves, 20 de noviembre de 2008

Una jornada de rodaje con Hugo Valenzuela

por José Bustamante

Si no se olvida de poner el despertador, Hugo suele levantarse, cada mañana, a las 7 en punto.
Entra de inmediato en la ducha y se queda ahí, por lo menos, durante 20 minutos.
Rara vez se viste con poleras con manga. Más del 80 por ciento del interior de su ropero está ocupado por sudaderas de colores opacos y con grandes estampados. Todos los meses manda a hacer, como mínimo, 3 poleras nuevas con estampados que reflejen algunos de sus retorcidos gustos. En la zona inferior de su cuerpo, suele vestirse con jeans azules, negros, verdes oscuro o de cualquier color sombrío que encuentre en su armario, todos de talla 64.

A las 8 con veinte minutos suele estar vestido y con el desayuno en su estómago: un completo italiano y alguna caja de leche con sabor e, inmediatamente, se apresta a visitar, evitando toparse con alguien en el pasillo, a sus “15 Marías” del departamento contiguo.

Las “15 Marías” son mujeres muy extrañas. El contacto con la sociedad del que se les ha privado y una vida basada en mantener relaciones sexuales, las ha forjado como seres huraños, incapaces de construir oraciones con el empleo de la palabra, maestras en el arte de fingir orgasmos y especialistas en un modo particular de comunicación; a través de gemidos.

No saben vestirse, solo desnudarse. Tampoco saben leer ni escribir. Las frases cortas, que han memorizado, no superan las 20 y, aunque no conocen sus significados, han aprendido que, enunciándolas con mucha sensualidad, son herramientas muy útiles para estimular a sus parejas en la cama.

Los únicos rostros que se les hacen familiares a las Marías son el de Hugo y los de ellas mismas repetidos 15 veces al interior del departamento.

Como todos los días, Hugo las despierta, las baña una por una, las seca con mucho cuidado y las viste de acuerdo a las tomas que podrían filmarse durante aquella jornada. Cada una de estas labores, el “Gran Hugo” la realiza procurando emitir la menor cantidad de palabras.

A las 10 y cuarto de la mañana ya están todas las Marías vestidas de enfermeras, unas, de doncellas, otras, policías sadomasoquistas y colegialas, entre algunos de los personajes que tienden a caracterizar.

A continuación, Hugo las sienta en el comedor, les sirve un plato de avena con leche descremada, un vaso de jugo natural y algunas frutas y se queda a observarlas hasta asegurarse de que han dejado las bandejas vacías.

Por lo general, el desayuno no se extiende hasta más allá de las 11 de la mañana.
Con una perfecta coordinación, las Marías acaban su merienda al mismo tiempo y se dirigen, como autómatas, a tomar posiciones en la pequeña sala de estar convertida en plató de rodaje.

A pesar de ser todas las Marías, en el fondo, la misma persona. A pesar de haber sido todas clonadas, hace 20 años, del mismo ser humano, recibir las mismas influencias y desarrollar personalidades idénticas, estas 15 bellas mujeres poseen solo una diferencia entre ellas: para satisfacer los diversos gustos del cliente, a algunas Hugo les ha puesto silicona, a otras les ha quitado pechos, a otras les ha rellenado las nalgas, a otras les ha disminuido el trasero y, así, mediante diversas cirugías, ha moldeado y diferenciado a sus 15 estrellas porno, únicamente, en la figura.

Con el tiempo, este gordo cincuentón, ha tendido a olvidar que sus “15 Marías” son clones. Paulatinamente ha llegado a percibir ciertas diferencias en los rasgos psicológicos de su equipo de trabajo e, incluso, ha llegado a generar sentimientos especiales hacia una de ellas: La regalona, como la ha llamado Hugo, la María de apariencia más armoniosa.

Ella es la única con el cabello teñido pelirrojo y con niveles de silicona perfectos: una verdadera obra de arte. Por aquella razón es que le cuesta tanto al Gran Hugo no ponerse celoso cada vez que un cliente elegía a su Regalona.

A las 11 de la mañana, Hugo deja a las Marías instalándose en la escenografía y regresa a su departamento a buscar nuevos clientes.

Cada nuevo cliente es seleccionado con pinza. Para conocer de la existencia de la productora clandestina de cine pornográfico, los clientes deben tener, aunque sea muy lejano, algún tipo de vínculo con “El gran Hugo”. La mayoría de los privilegiados trabajan en televisión y, de no ser así, siempre se las ingenian para aparecer en la pantalla. El visor holográfico de la habitación de Hugo es su único medio para contactarse con sus consumidores.

Al interior de su departamento, enciende el visor y se comienza a pasear por los canales nacionales. La mayor parte de sus ingresos provienen, paradójicamente, de diversos miembros de Canal NeoCristiano (CNC), por lo que se detiene en aquella estación bastante rato.

La experiencia le ha dado a Hugo el don de observar con una minuciosidad incomparable el noticiario que siempre ha concentrado a muchos clientes.

El santo y seña para ese día sería “Bicicleta Oxford” .

A las 11 y media de la mañana el veterano José Luís Rappening introduce uno de los eventos noticiosos más comentados del día: un accidente de tránsito ocurrido en Melipilla. En las imágenes se aprecia un Kía Blanco modelo “Solar Energy” arrollando a 5 transeúntes y estrellándose contra un quiosco ubicado en una esquina y haciéndolo pedazos en el acto.

A continuación, el periodista comienza: “El quiosco de don Héctor Vergara fue destruido esta mañana luego de que se le hayan cortado los frenos a la bicicleta Oxford, perdón a un Kía Blanco, modelo Solar Energy…”

Una sonrisa se esboza en el rostro de Hugo al confirmar el ingenio que pueden tener sus clientes cuando se trata de hacerle llegar los “santo y seña”. Inmediatamente agrega a una pequeña libreta el nombre de José Luis Rappening.

Se queda hasta el mediodía sintonizando la estación CNC hasta que decide hacer zapping en otros canales como el Mega, Universidad de Chile, y Televisión del Estado.
En ellos oye a conductores de televisión, bailarines y actores decir frases tales como: “A los 15 años me regalaron una bicicleta Oxford” o “Es importante que los niños sepan lo saludable que es andar en bicicleta. En mi juventud yo llegaba todos los días a la Universidad de Oxford, perdón, a la Universidad Santa María, en una de ellas”.

De ese modo, a las 2 de la tarde consigue armar una lista de clientes de, por lo menos, 7 personajes de la televisión interesados en consumir su producto pornográfico.

Una vez tiene esa lista en sus manos, regresa al departamento de sus 15 Marías y, por lo general, las encuentra lubricándose y autosatisfaciéndose para recibir a los nuevos clientes.

Cuando se ha cerciorado de que todas se encuentran en la “Etapa de Preparación”, Hugo realiza una llamada telefónica a alguno de sus 3 informantes.

Ya son las 3 y media de la tarde cuando uno de sus informantes logra hacer contacto con algún nombre de la lista, conseguir información a cerca de sus fantasías eróticas y entregarle al nuevo cliente todas las coordenadas del lugar al que debe dirigirse para irlo a buscar.

Cuando Hugo hace el llamado al informante, este da cuenta al cineasta de toda la información recabada y le indica el lugar y la hora en que debe ir a buscar al nuevo participante del cortometraje o largometraje, de esto depende el precio, que se filmaría durante la tarde.

El lugar en que Hugo encuentra a su cliente es tan variable que no es sencillo determinar la hora exacta en que se topan, el inquilino venda sus ojos e ingresa al vehículo.

Lo cierto es que lo más tarde en que se encuentran de regreso al departamento es a las 6.
Hugo le impide a su clientela interactuar demasiado con sus Marías antes de empezar a filmar, por lo que a las 6 y media ya están todos caracterizados como corresponde y listos para empezar el rodaje.

La sesión de grabación es ardua y si necesitan descanso lo determina el propio consumidor, ya que todos tienen claro que a más tardar las 9 y media de la noche, se le pone fin a la grabación.

A las 10 el cliente suele estar vestido nuevamente y, con la vista tapada, acompañando a Hugo al vehículo que lo llevará de regreso a alguna zona indeterminada, esta vez, no muy lejana.

A las 11 y media, Hugo está de regreso en su departamento y se apresta a editar lo filmado durante el día. El poco rato que le dedica a esto no le preocupa, ya que sus clientes saben que su copia del filme porno no lo recibirán en, por lo menos, dos meses más.

Además, la post-producción es algo fundamental para este cineasta que no quiere ser confundido como el mero dueño de un prostíbulo. Sus obras son de calidad y cuando alguna María no rinde como él lo espera, los castigos son considerables.

A las 1 y media Hugo ya está en la cama y lo suficientemente agotado como para caer derrotado por el sueño en pocos minutos.

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